Mi reloj interno tiene una cosa muy clara, levantarse antes de las 10 es madrugar, no echarse la siesta es un sacrilegio y las mejores horas para trabajar o estudiar son las primeras horas del día, literalmente, de las 00.00 hasta que el cuerpo aguante. Esto funcionaba a la perfección cuando solo estudiaba, era un ave nocturna que dormía toda la mañana, comenzaba la tarde tranquilamente y luego echaba mis horas por la noche. Luego comienzas a trabajar y hay que adaptarse al horario de la gente normal porque sino las reuniones por la mañana se vuelven una tortura.
Sigue pasando el tiempo y decides compaginar trabajo y estudios, descubriendo que los días de 24 horas no sirven para mucho. Madrugando, sin siesta y con clases por la tarde la única opción que queda es quitar horas de sueño y volver al horario de trabajo nocturno para completar tareas. Cuando estudiaba mi vicio nocturno era programar viendo documentales de historia, animales, construcciones, asesinatos, lo que fuera, porque lo importante era el tono de voz del narrador. Ahora me he pasado a las películas, algo más arriesgado teniendo en cuenta que elijo entre lo que ponen en los canales de la tele. Da igual cuantos canales tengas, encontrar una película decente a altas horas de la noche no es sencillo.
Hoy he comenzado por La mujer de negro protagonizada por “Harry Potter”. Luego una peli de zombies de 1985, La invasión de los muertos vivientes, sin comentarios. Y ahora ha comenzado El mexicano, la tercera, pésima, entrega de El mariachi. Pero no siempre así, hace una semana disfruté de un clásico de Tarantino, Reservoir Dogs, y hace unas semanas más me vi en directo la gala de los Oscars, que para mi gusto fue entretenida.